El cine en el protectorado español de Marruecos (1909-1939)

El cine colonial español centrado en temas marroquíes comienza poco a poco a recibir la atención de los estudiosos, aunque nuestro conocimiento del tema sigue siendo escaso 1. Ha sido calificado como subgénero interesado fundamentalmente en la glorificación de los valores castrenses, en servir de coartada ideológica a las renovadas ambiciones imperiales españolas en el Norte de África, en ir dirigido fundamentalmente al público metropolitano y estar, por lo tanto, vuelto de espaldas al público marroquí, su teórico destinatario 2. En el presente texto me propongo abordar dos aspectos que introducen matizaciones a la anterior aseveración: la paulatina aceptación del cine por parte de la población marroquí y los tímidos intentos españoles de crear un cine colonial dirigido a ese público.

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Interior del Hadú-Cinema en Ceuta (Col. A. Salas)

Previamente conviene resaltar el hecho de que la lenta penetración del cinematógrafo entre la población marroquí en el período anterior a la guerra civil contrasta con la temprana llegada del cine, de la mano de los españoles, al norte de Marruecos. El interés de los hombres y casas cinematográficas españolas y/o sucursales de extranjeras por la zona “otorgada” a España en la Conferencia de Algeciras de 1906 3 fue avivado por la Guerra de 1909, con el desastre del Barranco del Lobo, y los siguientes enfrentamientos hasta la total “pacificación” del Rif a finales de la década de los veinte. La contienda dio lugar a que diferentes casas cinematográficas (Hispano Films, Gaumont, Pathé, etc.) se apresurasen a enviar sus cameramans al escenario del conflicto (Ricard y Ramón Baños, Ignacio Coyne, Pérez Ledesma, etc.), quienes con sus cámaras al hombro invadieron los campos de batalla filmando escenas, generalmente de retaguardia, contando con las máximas facilidades por parte de las autoridades militares (el propio Franco filmó algunos combates). Casi al mismo tiempo, comenzaron a rodarse, total o parcialmente, en tierras marroquíes películas de argumento sobre la contienda 4.

Los primeros locales, provisionales o permanentes, en los que se exhibieron películas estuvieron ubicadas lógicamente en las plazas españolas de Ceuta y Melilla 5. El cine llegó a la primera de las localidades citadas en la temprana fecha de febrero de 1897, cuando se presentó “la primera exhibición del último prodigioso invento del célebre Edisson” en el Teatro Principal 6. Poco después, el Teatro de Variedades anunciaba una rebaja de precios “para que todo el público de esta ciudad pueda ver y admirar” el cinematógrafo, “el último invento del siglo, la fotografía en movimiento” 7.

En los primeros años de nuestro siglo a las citadas salas se unieron el Cinematógrafo del Paseo de Colón 8, el Teatro del Rey (1915), posteriormente Cervantes 9, y el Salón Apolo (1916) 10. Hacia 1927 se contabilizan dos salas permanentes 11, a las que en 1934 se sumaba el Cinema Hadú, hecho importante por estar ubicado en una barriada periférica con fuerte componente de población musulmana 12. En 1947, de nuevo aparecen sólo dos salas, pero posiblemente la cifra no se corresponde con la realidad 13.

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Interior del Apolo en Ceuta (Col. A. Salas)

Las noticias disponibles para Melilla, aunque más tardías que en el caso de Ceuta, dan cuenta de un nutrido número de salas: Teatro Alfonso XIII, Kursaal, Palacio de Proyecciones, de corta vida (1906), Libia (1909), Imperial (1911), Ideal (1914), Novedades (1923), Merino (1923), Moderno (1930), Goya (1931), Español (1931), Alhambra (1931), Monumental (1932), Perelló (1932) y Nuevo Kursaal (1934 ) 14. La capacidad de estas salas era muy desigual, desde las 2.500 plazas del Monumental 15 hasta las pocas decenas que podrían acoger las proyecciones en barracas-cine. Aunque la información disponible es un tanto confusa, e incluso contradictoria, todo parece indicar que siempre estuvieron en funcionamiento media docena de salas. Hacia 1927 Melilla contaba con cuatro 16 o cinco salas estables 17. En 1947 figuraban, entre teatros y cines, el Nacional, Monumental, Perelló, Alhambra, Español y Goya 18. En todo caso, la primacía respecto al cine que ostentó la plaza melillense viene también corroborada por el hecho de que en esta ciudad la firma Vilaseca y Ledesma, concesionarios de la Revista Pathé, instalara en septiembre de 1921 “un laboratorio al objeto de que se pueda conocer, con la mayor prontitud en la Península, todo cuanto ocurra en tierras del Rif” 19. Por su parte, la Gaumont explotaba el teatro Alfonso XIII, mientras que E. Vilardell era corresponsal de la prensa cinematográfica barcelonesa 20. Otro testimonio de la calidad de algunas salas, al parecer algunas provisionales, lo ofrece un periodista en 1921, cuando al escribir de una de ellas la define como “elegante” 21. En 1922, un cronista gallego pasa ante una de estas barracas que también admitía la actuación de cantantes: “al pasar ante la barraca de un cine llega hasta mí la voz chillona de una pseudo-artista cantando un cuplé de moda” 22.

Tánger, ciudad con un status internacional que comenzó a fraguarse en 1904 y cristalizó en el acuerdo de París de 1923 entre Francia, Inglaterra y España, estuvo administrada por diversos países europeos, entre ellos España, lo que favoreció la temprana llegada del cine, que en esta ciudad tuvo un gran desarrollo. Aunque la población era mayoritariamente marroquí, contaba con una importante colonia europea, fundamentalmente española. En 1927 tenía dos salas “españolas” estables, a las que lógicamente habría que añadir las “francesas” y demás 23. Prueba de lo anterior es que en 1947 figuraban en activo el Teatro Cervantes y los cines de París, Mauritania, Capitol, American, Goya y Alcázar 24.

A medida que la ocupación española de la zona del Protectorado fue siendo efectiva, el cinematógrafo se fue instalando en los núcleos más importantes de población. Naturalmente, Tetuán, la capital de la zona occidental, destacó en este aspecto. En 1921, Ernesto Giménez Caballero, entonces soldado en la zona, se desplazaba desde Río Martín a Tetuán con la esperanza de “obtener permiso para el cine” 25, que podía verse en “dos teatros donde alternan los bolos de la Farándula con las hazañas de Tom Mix y las contorsiones sensuales de la Bertini” 26. En 1927 funcionaba el Teatro Español, con 2.200 localidades, presentado como “un alarde de buen gusto, que hace honor a la esplendidez de sus dueños,… La fachada, de un bello estilo moruno, tiene un simbólico carácter de adaptación a la ciudad que lo encierra. Un magnífico hall, amplias dependencias, escenario a la moderna, anchas y cómodas escaleras, que permiten una rápida evacuación de las localidades altas en caso de accidentes, circunstancia que se ha tenido muy en cuenta, y una bellísima sala, donde se agotó el confort, el lujo y la riqueza, constituyen el coliseo, no sólo digno de la importancia de Tetuán, sino también de cualquier capital europea de primer rango… La embocadura, obra del renombrado pintor Bertuchi, es notabilísima y tiene asimismo un simbólico carácter local”. A su lado, no hacía tampoco mala figura el restaurado Teatro Reina Victoria, considerado como “el Lara tetuaní” 27. En 1934, continuaban funcionando las dos salas, tal como lo reflejaba un corresponsal argentino: “un cine descomunal, a tres cuadras otro cine” 28. En 1947 la ciudad contaba con el Monumental Cinema, el Teatro Español y el Teatro Nacional 29.

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El Español, de Tetuán (Fol. J. L. Gómez Barceló)

Larache, conoció el cine en la temprana fecha de 1912. Un marino colombiano, que sirvió en la marina española, se asombraba de los cambios experimentados por Larache cuando realizó su segunda visita a esa ciudad en 1912: hasta un cinematógrafo tenía ya Larache!” 30. Más tarde, en 1921 funcionaba una barraca-cine 31, mientras que en 1927 contaba con una sala estable, posiblemente la de Emilio Sánchez Pescador 32, y dos, Teatro España y Cine Ideal, veinte años más tarde 33.

También en Xauen fue temprana la irrupción e impacto del cine, en 1921, sobre todo si tenemos en cuenta que fue ocupada por los españoles por primera vez en 1919. Giménez Caballero, que aprovechó su servicio militar en Marruecos para recoger romances de los judíos marroquíes, comenta que en Xauen “las hebreítas, las judías jóvenes, las que debían recoger esta tradición oral, estaban contándose películas. Salvo una o dos de ellas, las otras habían trasladado todo su entusiasmo por las gestas a los héroes cinematográficos… No es accidental que las judías de Xauen narrasen, a la par, las proezas, las gestas del conde Claros y de Douglas Fairbanks” 34. En la primera mitad de los años treinta, una visitante barcelonesa daba cuenta de una sala hacia poco puesta en funcionamiento 35. Es posible que fuera el Cinema Xauen el que en 1947 era calificado como “muy deficiente” 36.

Alcazarquivir a lo largo del periodo estudiado sólo contó con una sala, el Teatro Alfonso XIII, inaugurado en 1922 con capacidad para 1000 espectadores 37. En Arcila, en 1927, Adolfo Nieto hizo construir el Teatro Español, “un elegante y coquetón edificio de mampostería, al cual bautizó con el nombre del antiguo salón de espectáculos” y que “dedica al arte mudo, haciendo desfilar por su pantalla lo mejor que produce la cinematografía mundial” 38. También Nador contaba con una sala, el Teatro Reina Victoria, del empresario Vicente Arroyo Roig, al menos desde 1927 39. Más tardía, acorde con su construcción que data de fines de 1925, es la aparición del cine en la actual Alhucemas (antes Villa Sanjurjo), que en 1927 contaba con el cinematógrafo de la empresa Fajardo y Avilés, con una sala conocida como “cine viejo”. Fue sustituido por el “cine nuevo”, que debía ser el Teatro Cine Español, construido a finales de los cuarenta 40.

Además de las salas enumeradas, que debieron ser más numerosas, hay que contar con las salas provisionales (barracas-cine, etc.), el cine ambulante, las proyecciones más o menos aisladas que se celebraban en las sedes de algunos centros culturales y en los campamentos militares, la irrupción de los cines al aire libre en verano, etc. 41

En definitiva, el cinematógrafo se fue extendiendo lentamente por la geografía del Norte de Marruecos, contabilizándose en 1950 un total de veinticinco salas con una capacidad de unas 20.000 localidades, excluida Tánger.

A la vista de los anteriores datos cabe preguntarse hasta qué punto pudo acceder el público marroquí al cine en el periodo anterior a la Guerra Civil española. Está fuera de toda duda que el cine iba dirigido fundamentalmente a la población de origen europeo, que habitaba preferentemente en las ciudades. A fines de la década de los treinta la población de la zona superaba ligeramente el millón de habitantes 42. La población urbana fue en aumento a lo largo del período estudiado, ya que pasó de aproximadamente el 16 al 25% del total. A este segmento de la población, en el que concentraba la colonia europea, iba dirigido especialmente el cine 43. Sirva de ejemplo la siguiente nota que resaltaba el esfuerzo hecho por el empresario Nieto al construir una sala en Arcila en 1927: “El esfuerzo… es digno de todo encomio y alabanza, ya que le guía más la mira de amor al arte que la del negocio, que no suele ser brillante, dada la pequeñez de la colonia española” 44. Una escritora barcelonesa que visitó en 1934 Marruecos sostenía que las mujeres europeas residentes en la zona, en lugar de sentirse atraídas por la forma de vida de las musulmanas, preferían “acudir als cinemes, reclosos i pudents, on projecten films de fa deu o dotze anys, enmig dels crits espantosos de la quitxalla, del fum i de les escopinades del homes”.45

Por su parte, la gran mayoría de la población marroquí era fundamentalmente rural y estaba inmersa en su casi totalidad en una economía de subsistencia donde el trueque superaba con mucho a la circulación monetaria, factores ambos que hacían casi imposible el acceso al cine. La incorporación de los campesinos rifeños y yebalíes a la economía colonial, entorpecida ya por los mismos enfrentamientos bélicos, se vio frenada por la continua llegada de emigrantes peninsulares que desempeñaban los trabajos más duros y peor pagados, desde la construcción hasta el servicio doméstico 46.

No obstante, los marroquíes de las cábilas que acudían a las ciudades y, especialmente, los zocos se sentían atraídos por el cine, al menos por los, para ellos, extraños aparatos que los cristianos desplegaban en los lugares destinados a los intercambios de mercancías, servicios y noticias. Las fotografías de 1909 que dan cuenta de cómo el zaragozano Ignacio Coyne enseña su cámara a unos notables rifeños, son buena prueba de ello 47. En el mismo sentido hay que considerar la filmación, en medio de la curiosidad rifeña, de unas escenas en Monte Arruit en 1925 48. No obstante, también tenemos noticias de manifestaciones de clara hostilidad, aunque en plena contienda hispano-marroquí. En 1921, un operador de una casa norteamericana, Atkins que llegó a Melilla para filmar los combates, consiguió pasar al campo rifeño con una estratagema para filmar a las harkas acantonadas en Frajana. Un periodista español puso en labios del norteamericano el siguiente relato de su fallida experiencia fílmica: “Y cuando tenía muchos metros, campamento, artillería, corros de gente, los niños que les ayudan… en fin colosal, la mora me preguntó qué hacía dando vueltas al manubrio; yo fui imbécil de explicarle lo que es una película y al enterarse bien la mora empezó a chillar llamando gente. Aparecieron unos moros que hablaron con ella en árabe y al oír lo que ella decía se abalanzaron sobre mí, me rompieron mi muy querida cámara, me golpearon hasta dejarme en el suelo y en el estado en que usted me ve” 49.

Por su parte, los marroquíes integrados en las economías urbanas de Ceuta, Melilla, Tetuán, Tánger, Larache, Xauen, Alhucemas, etc., eran escasos. Claro que incluían en su seno a la burguesía comercial y los notables, entre los que debió prender la afición al nuevo arte, entre ellos, y especialmente entre los jóvenes, hay que rastrear los clientes potenciales del cine. La siguiente observación sobre Xauen en tiempos de la República es elocuente al respecto: “Darrerament els espagnols havien installat un cinema, que funcionava una o dues vegades per setmana, i els marrecs, d’amagat dels pares, assistien a l’espectacle” 50. Melilla, con una mayor población indígena que Ceuta y generalmente con una mayor sensibilización hacia la cultura marroquí, es posible que fuera un semillero de marroquíes aficionados al cine. En la cosmopolita Tánger, la población marroquí, en estrecho contacto con una nutrida colonia de europeos y muy integrada en la economía monetizada, debió ser muy receptiva al cinematógrafo. Contamos con la descripción que un visitante de la ciudad dejó de una sesión en el Capitol en plena Guerra Civil española: “En el Capitol, el cinema más grande de Tánger, desfilaba por la sucia pantalla, una especie de noticiario, con breves escenas en que aparecían los regentes europeos. El salón estaba abarrotado, el calor era insoportable y el público tan mezclado como sólo cabe en Tánger. Y es que Tánger es la ciudad más cosmopolita del mundo. Entre el público había franceses, judíos, españoles, árabes, negros, griegos y una docena de otras naciones y razas. Algunos ofrecían un aspecto descuidado, con sus tacones torcidos y sus ropas descoloridas, otros, en cambio, brillaban por la impecable raya de su pantalón y la americana de anchos hombros algodonados”. 51

Todo parece indicar que los hebreos, comunidad que se adaptó con gran rapidez y más intensamente a las nuevas modas portadas por los europeos, de las que llegaron a ser verdaderos introductores en el país, sintieron una más pronta inclinación al cine, como vimos en el caso de Xauen. Influyentes familias hebreas regentaron salas en Alcazarquivir, Larache y Tánger 52. Los Cohen explotaban hacia 1927 el Victoria Eugenia de Tetuán. 53

Sin duda alguna, un factor que contribuyó decisivamente a la integración en la economía monetaria de buena parte de la población marroquí fue el masivo enrolamiento para la Guerra Civil española. La paga regular en efectivo a decenas de miles de soldados facilitó el asentamiento urbano de buena parte de ellos. Las condiciones para que prendiera el cine en este colectivo y pudieran asistir a sus sesiones estaban dadas 54.

En definitiva, todo indica que los marroquíes que pudieron acceder y aficionarse al cine no fueron muy numerosos antes de la guerra civil, lo que explicaría, al menos parcialmente, el poco interés demostrado por las autoridades franquistas a la hora de potenciar un cine colonial y el escaso atractivo económico que para los propietarios y distribuidores de cine tenía la población local.

Sin embargo, no hay que olvidar que el cine penetró en determinadas capas de la población con una intensidad que de momento no podemos precisar. Existen testimonios difícilmente cuantificables, y a veces complicados de datar, acerca de la gran aceptación que los films de Imperio Argentina, Carlos Gardel y más tarde Jorge Negrete y Cantinflas tuvieron entre los marroquíes.

El historiador de cine tangerino Emilio Sanz de Soto lo corrobora: “en mi infancia, yo me acuerdo de que los cines se llenaban de marroquíes; muchos no iban al cine, pero la sala se llenaba cuando llegaban películas de Imperio Argentina o de Carlos Gardel… El personaje de Cantinflas era mucho más popular, creo yo, entre el pueblo marroquí que incluso entre los niños andaluces. ¿Cómo es posible que en los cines de Tánger los moritos diesen gritos y se viesen, mañana y tarde, a Cantinflas?”. Igualmente sostiene que “los cines primeros que hubo en Tánger, el Tivoli, el American, el Capitol, Alcázar, todos esos cines, el público que iba, a matinée, era árabe. En su mayoría eran películas americanas dobladas en español, el cine indio y egipcio llegaría mucho después. Las películas españolas, malas, malas, si las veían los árabes. Hay que decir que el público árabe era mayormente un público de niños, de niñitos y muchachos. Pero el público de Tánger, que después va a crear toda una generación de chicos que hablan perfectamente el español, esos niños iban a ver las películas españolas malas para reírse con los cómicos. Y, entre esos cómicos, el ídolo era Miguel Ligero, pero también estaba Riquelme, Pepe Isbert, que conocían muy bien” 55. Para el novelista Mohamed Chukri el cine fue bastante familiar en su infancia 56.

Aunque quede mucha investigación por realizar, y a pesar de las limitaciones señaladas para el fácil acceso de los marroquíes al cine, es evidente que el séptimo arte fue extendiéndose lenta pero inexorablemente. Con esta premisa es indudable que el cine español en Marruecos fue un factor que de alguna manera facilitó la colonización. Sirva de ejemplo lo sucedido a raíz de la visita de los monarcas Alfonso XIII y María Victoria al Protectorado tras el fin de la guerra. Se filmaron los desfiles militares, las comitivas de cabileños y ciudadanos marroquíes que rindieron pleitesía y las fiestas con danzas locales celebradas en su honor: “De todos los actos se filmó una película, que a los pocos días era proyectada en todas las salas de espectáculos de Marruecos, y en primer término en Tetuán, la capital, donde para darle mayor solemnidad, y presidida la función por el príncipe y altos magistrados, se invitó a los caídes y personas de distinción” 57.

Lo anterior, junto con la paulatina urbanización del Protectorado y la amplia movilización de hombres en las tropas coloniales, atrajo la atención de las autoridades militares. De ahí, como segundo aspecto a tratar, la existencia de una corriente de un colonial centrado en las costumbres y vida cotidiana de la población norteafricana. Durante la Guerra Civil se configuró en las filas franquistas el futuro cine colonial de la postguerra, cuyo rasgo más importante fue el cuidadoso tratamiento dado a los marroquíes. La participación de contingentes norteafricanos en las filas de los nacionales y el apoyo que los nacionalistas marroquíes dispensaron a este bando, explican este acercamiento al antaño enemigo reconvertido en valioso aliado. Los films fundamentales fueron “Romancero marroquí”, de 1938, iniciada por Carlos Velo, entonces del Partido Comunista de España, por lo que huyó a la zona republicana, y concluida por Enrique Domínguez Rodiño, y “La canción de Aixa” de Florian Rey de 1939. La primera fue presentada por la prensa española de Tánger como “la película del glorioso Movimiento Nacional, el poema épico de Marruecos”. Mientras que la segunda, estrenada simultáneamente en Melilla, Ceuta, Tetuán y Larache, lo fue como “el primer homenaje de España al folklore de su Protectorado Marroquí, henchido de emoción y poesía” 58. Esta línea fue continuada por otros dos films, “L’alla Hadux (Estaba escrito)”, de Alejandro Ulloa, de 1945, y “Yebala”, de Javier Rivera, de 1946. Incluso se podrían incluir otros films en los que la colaboración entre el ejército español y los marroquíes y saharianos está presente 59. La voluntad, aunque un tanto desmayada, de utilizar este cine como instrumento de propaganda colonial está demostrada. La prensa tangerina de expresión española se refería de la siguiente manera a la buena acogida que, en su opinión, había tenido el estreno de “La canción de Aixa” entre los marroquíes: “Los que mejor podían apreciar si Marruecos estaba bien representado han afirmado que su ambiente había sido llevado a la pantalla con un formidable acierto” 60. Sin embargo, no había tiempo para mucho más: la hora de la independencia, que se quería lejana, estaba a la vuelta de la esquina. Finalmente, hay que señalar que las autoridades coloniales españolas no hicieron ningún esfuerzo para promover una cinematografía hecha por y para los marroquíes 61, lo que explica, al menos parcialmente, las décadas de aislamiento cinematográfico hispano-marroquí 62.

NOTAS

1.- La bibliografía al respecto es escasa e irregular FERRO, H.: “Présentation de filns d’actualités sur la guerre du Rif et projection”, Abd el-Krim et la république du Rif. Actes du colloque international d’études historiques et sociologiques, Paris, 1973, pp. 293-295. AMO, A. DEL: Cine español: “En la Academia Militar”, Cuadernos para el Diálogo, 138 (marzo, 1975), pp.48-50. LÓPEZ GARCÍA. B.: "Imágenes del Protectorado (1940-1960), Puertaoscura. Revista de Ultramarinos, 3-4 (1987), pp. 75-77. MARTÍN CORRALES, E.: “Marruecos y el cine español. La Guerra de África (1909-1927)”, Puertaoscura..., 3-4 (Málaga, 1987) pp. 72-74. También, “El cine español y las Guerras de Marruecos (1896-1994)”, Hispania, 190 (1995), pp. 693-708. BROS DURAN, H.: La imagen del mundo árabe en el cine español (1936-1975), Universidad de Barcelona, Tesis Doctoral inédita, 1991. ELENA, A.: “Cine para el Imperio: Pautas de exhibición en el Marruecos español (1939-1956)”. Actas del IV Congreso de la Asociación Española de Historiadores del Cine, (en prensa). Además, las comunicaciones presentadas por B. López García, A. Elena, W. Martín Handorf, J. Pérez Perucha, M. Driss Jaidi, C. Campuzano y el autor de estas líneas, al Simposio Africanismo y Cine en España, celebrado en Madrid en noviembre de 1995.
2.- ELENA, A. “Cine...”.
3.- Josep Gaspar, cameraman de la Gaumont de París realizó en 1908 un documental sobre Tetuán para su sede barcelonesa, ROSA I VILELLA, M. T.: “La vida i l’obra de Josep Gaspar i Serra”, Cinematograf (Annals de la Federació Catalana de cineclubs), (1983-84), pp. 140-153.
4.- MARTIN CORRALES, E.: “El cine...”.
5.- Es urgente el vaciado hemerográfico de Ceuta y Melilla, así como el de las ciudades del Protectorado español, incluida Tánger.
6.- Constaba de patio de butacas, palcos y platea. Hasta 1902 fue propiedad de una sociedad, cuyo representante era Lamberto Ventura Blinette. A partir de entonces su propietario fue Demetrio Guillén. Otras noticias sobre las proyecciones se remontan a 1901; GÓMEZ BARCELÓ, J. L.: “Actividad teatral en Ceuta a finales del siglo XIX”, Cuadernos del Archivo Municipal de Ceuta, 6-7 (1990). pp. 187-218. esp. pp. 199-200.
7.- Contaba con sala de butacas y platea. Su propietario fue Pedro Artiel, GÓMEZ BARCELÓ. J. L.: “Actividad ...” , pp. 200-204. En 1907, la prensa local daba cuenta de las sesiones cinematográficas Llorens”, GÓMEZ BARCELÓ. J. L.: Apuntes para la historia de la prensa ceutí (1820- 1989), Ceuta, 1984, p. 86.
8.- Para su anuncio en la prensa en 1912, GÓMEZ BARCELÓ, J. L,: “Apuntes ...”, p. 104. GÓMEZ BARCELÓ. J. L.: “Actividad...”, p. 203.
9.- GÓMEZ BARCELÓ, J. L.: “Actividad...”, p. 203. El gerente del Teatro del Rey hacia 1927 era Juan Gallardo, ORTEGA, M. L (Dir.): Anuario-Guía de Marruecos y del Africa Española, Madrid, 1928, p. 813.
10.- Los pormenores de la construcción del Apolo y de la figura de su propietario Miguel Sala en, ALCALÁ VELASCO, L. L.: “Conentario a la portada”, Cuadernos..., 6-7 (1990), pp. 219-233. En otras fuentes figura como propietario su hijo Damián Sala, ORTEGA, M. L. (Dir.) Anuario-Guía ..., p. 813. Mas información en, GÓMEZ BARCELÓ, J. L.: “Actividad...”, p. 203. Su anuncio en la prensa en 1924, GÓMEZ BARCELÓ, J. L.: Apuntes..., p. 121.
11.- Según la escueta información, sin otros datos complementarios, acerca de los preparativos del “Congreso Cinematográfico Ibero-Americano” de San Sebastián del citado año, Arte y Cinematografía, 311 (Barcelona, marzo 1927).
12.- Guía de Ceuta 1934, Ceuta, 1934, p. 65.
13.- ONIEVA, A. J.: Guía turística de Marruecos (Plazas de Soberanía. Protectorado español. Tánger). Madrid, 1947, p. 148. No menciona el cinema Hadú.
14.- OLMET, L. A. DEL: Marruecos. De Melilla a Tánger, Madrid, 1917, pp. 30-31. BARRIO FERNÁNDEZ DE LUCO, C.; SARO GANDARILLAS, F.: “Aproximación histórica a la ciudad de Melilla (Desde la Prehistoria al primer tercio del s. XX)”, Trápana. Revista de la Asociación de Estudios Melillenses, 6-7 (1992-1993), esp. p. 63.
15.- Para su construcción es preciso consultar el dossier publicado en Cuadernos de Historia de Melilla, 1(1988), pp. 69-91.
16.- Cuatro según Arte y Cinematografía, 311 (marzo 1927).
17.- Según otras fuentes funcionaban el Teatro Reina Victoria, el Salón Kursaal y el Salón Imperial, explotados por la empresa Rico Rojo, mientras que el Teatro Alfonso XIII lo era por la empresa Súarez, y, por último, el Cine Español, de la empresa Bergel, ORTEGA, M. L. (Dir.): Anuario-Guía... p. 964.
18.- ONIEVA, A. J.: Guía ..., p. 532.
19.- El Cine, 492 (17-9-1921). 490 (3-9-1921)
20.- El Cine, 459 (29-1-1921) y 471 (23-4-1921).
21.- VILA SAN-JUAN: Lo que no tiene nombre. Crónicas de Marruecos, Barcelona, s.a., pp. 202-204.
22.- OXEA, J. R.: Ben Cho Shey. Crónicas de Marruecos. Tras la Rota de Annual, Barcelona, 1985, p. 189.
23.- Arte y Cinematografía, 311 (marzo, 1927). Para la importancia del Teatro Cervantes, FERNAUD, P.: “Estampas y visiones tangerinas”, Estudios Africanos. Revista de la Asociación Española de Africanistas, 10-11 (1991-92), pp. 83-107, esp. p. 96.
24.- ONIEVA, A. J.: Guía, p. 307-308.
25.- GIMENEZ CABALLERO. R.: Notas marruecos de un soldado, Madrid,1923. Utilizo la edición de Barcelona de 1983. La cita, p. 61. Es posible que se tratara del Teatro Reina Victoria.
26.- De la descripción de Tetuán en 1924 que aparece en las páginas que el General MOLA dedicó al conflicto hispano-marroquí, Dar Akobba. Páginas de sangre de dolor y de gloria, Madrid, 1977, p. 22.
27.- El Español era explotado por la empresa formada por Doroteo de Carlos, José Contreras y José Gutiérrez Lescura, mientras que el Victoria Eugenia lo era por los Cohen, ORTEGA, M. L.: Anuario- Guía..., pp. 434, 446-447. Para otras fuentes, sólo existía una sala, Arte y Cinematografía, 311 (marzo 1927).
28.- ARTL, R.: Aguafuertes españolas, Buenos Aires. He utilizado las páginas recogidas en, BENNANI, A.: Tetuán ciudad de todos los misterios. Antología, Granada, 1992, p. 164.
29.- ONIEVA, A. J.: Guía..., p. 190.
30.- NIETO. P.: En Marruecos, Madrid, 1912, p. 64.
31.- AZPEITUA, A: Marruecos la mala semilla. Ensayo de análisis objetivo de como fue sembrada la guerra en África, Madrid, 1991, p. 80.
32.- ORTEGA, M. L. (Dir.): Anuario-Guia..., p. 611.
33.- Arte y Cinematografía, 311 (marzo 1927). ONIEVA, A. J.: Guía..., p. 356.
34.- GIMENEZ CABALLERO, E.: Notas ..., pp. 143-145.
35.- BERTRANA. A.: El Marroc sensual i fanátic, Barcelona, 1936, p. 120.
36.- ONIEVA, A. J.: Guía ..., p. 436.
37.- Para 1927, Arte y Cinematografía, 311 (marzo 1927). ORTEGA, M. L.(Dir.): Anuario-Guía..., pp. 660, 668. Para 1947, ONIEVA, A. J.: Guía ..., p. 417. Tenía 352 butacas, 32 palcos y 400 gradas, siendo su propietario José Pérez Pizano, El Financiero Revista Semanal, Madrid, Suplemento dedicado a Marruecos, agosto, 1923.
38.- ORTEGA, M. L. (Dir.): Anuario-Guía..., pp. 489, 504.
39.- ORTEGA, M. L. (Dir.): Anuario-Guía..., pp. 1001.
40.- ORTEGA, M. L. (Dir.): Anuario-Guía..., p. 1017. ONIEVA, A. J.: Guía ..., p. 487. Diversas notas, aunque confusas, al respecto, así como para la existencia de cines de verano; ROMAN, J.: Fragmentos de una conversación continua sobre Alhucemas, Melilla, 1994, pp. 26, 83, 137, 145, 148.
41.- La directora marroquí Farida Benlyazid es autora de un corto titulado “Sobre la terraza”, en el que se narra la historia de una niña de Xauen que, trasladada a Tetuán, descubre la existencia del cine desde una azotea. Aunque la historia se refiere a los años cincuenta, pudo muy bien haber ocurrido antes VALENZUELA, J.: “Marruecos”, El País Semanal, 17-9-1995.
42.- Dejando de lado los errores de los censos disponibles, las cifras son las siguientes:
Año 1930 700.561 habitantes
Año 1935 795.336 habitantes
Año 1940 991.954 habitantes
Año 1945 1.082.009 habitantes
Año 1950 1.010.117 habitantes
Año 1955 1.054.978 habitantes
Las cifras extraídas de SALAS LARRAZABAL, R.: El Protectorado de España en Marruecos, Madrid, 1992, pp. 117, 325.
43.- La población de Tetuán, Larache, Alcazarqivir, Arcila, Xauen, Alhucemas (Villa Sanjurjo) y Nador era de 131.453 personas. De ellas, 34.670 españolas y 610 de diversas nacionalidades, SALAS LARRAZABAL. R.: El Protectorado..., p. 118. Para los años cincuenta, ELENA, A.: “El cine...”. Lo mismo sucedía en el caso argelino, MEGHERBI, A.: Les algeriens au miroir du cinena colonial. Contribution à une Sociologie de la décolonisation, Argel, 1982, esp. pp. 26-32.
44.- ORTEGA, M. L. (Dir.): Anuario-Guía.... pp. 489.
45.- El comentario va incluido en sus observaciones sobre Arcila, aunque en realidad puede extenderse al conjunto del Protectorado, BERTRANA, A.: El Marroc ..., p. 56.
46.- Para lo referente a la población rural rifeña, aunque extrapolable al conjunto del Protectorado español, LART, DM.: The Aith Waryaghar of the Moroccan Rif. An Ethnography and History, University of Arizona Press, 1976. Para los españoles que emigraron a Marruecos, BONMATI, J. F.: Españoles en el Magreb, siglos XIX y XX, Madrid, 1992, pp. 217-226.
47.- Nuevo Mundo, 1909.
48.- Tele-Exprés, 1925.
49.- VILA SAN-JUAN: Lo que no tiene nombre. Crónicas de Marruecos, Barcelona, 1922, pp. 200-201. Aunque hay que tomar con precaución el relato moralista del periodista catalán (la moraleja se resume en la respuesta que la citada rifeña dio al contusionado Atkins al exponerle éste que los españoles no habían puesto ningún inconveniente para ser filmados: “Es que son más tontos que nosotros”.).
50.- BERTRANA, A.: El Marroc ..., p. 120.
51.- BACHE, E.: Hombres blancos en los trópicos, Madrid, 1942, p. 199.
52.- ELENA, A.: “El cine...”. Los Cohen explotaban el tetuaní Victoria Eugenia, ORTEGA, H. L.: Anuario-Guía..., pp. 447.
53.- ORTEGA, M. L.: Anuario-Guía..., pp. 434, 446-447.
54.- El encuadramiento marroquí en el ejército español en la década de los treinta en MORALES LEZCANO, V.: España y el Norte de África. El Protectorado en Marruecos (1912-1956), Madrid, 1986, pp. 124-132.
55.- EMBAREK LÓPEZ, H.: “Yo recuerdo... (Entrevista a Emilio Sanz de Soto)”, MORALES LEZCANO,V. (Coord.): Presencia cultural de España en el Magreb, Madrid, 1993, pp. 235-257, esp. pp. 236, 254-255.
56.- CHUKRI, M.: El pan desnudo. Barcelona, 1982. pp. 35 - 69, 72, 73.
57.- Cómo es la Zona del Protectorado Español de Marruecos, Barcelona, 1942, pp. 103-104.
58.- ELENA, A.: “El cine..’. Ambas citas extraídas del diario España de Tánger.
59.- MARTÍN CORRALES, E.: “El cine...”
60.- ELENA, E.: “El cine...”.
61.- Con la excepción de los actores no-profesionales marroquíes que protagonizaron “Romancero marroquí”.
62.- ELENA, A.: “Cine...”. Véase también el número monográfico que Nosferatu. Revista de Cine, 19, (1995), dedica al cine islámico.

GLOSARIO para la Historia de al-Andalus

A

  • Adarve: paseo de ronda o camino que recorre la parte superior de la muralla de una fortaleza militar; también designa, en urbanismo, a una calle sin salida que puede ser cerrada con una puerta.
  • al-Andalus: el término al-Andalus designa los territorios de la Península Ibérica que se hallaban bajo gobierno islámico, fuera cual fuera su extensión geográfica. No se conoce con exactitud su origen aunque se ha apuntado la posibilidad de que venga de la denominación al-andališ, “los vándalos”, pueblo que habitó en la península Ibérica durante la baja Edad Media; o bien, de la identificación de la península con la mítica Atlántida.
  • Andalusí: relativo a al-Andalus.
  • Albarrana (al-barrana): torre de defensa adelantada construida destacada del muro y unida al recinto amurallado por un lienzo de muralla continuo, con un arco o con un puente levadizo de madera.
  • Alcaicería (al-qaysariyya): mercado, barrio de tiendas.
  • Alcazaba (al-qasbah): ciudadela, recinto fortificado. Por motivos estratégicos, puede estar construida en la parte alta de una ciudad, en uno de sus extremos o adyacente a ella según las distintas tipologías urbanas. En su interior se encuentra un pequeño barrio y el palacio o alcázar.
  • Alcázar (al-qasr): Palacio real.
  • Alfaquí (al-faqih): doctor, sabio, especialista en legislación religiosa, en jurisprudencia (fiqh), jurista.
  • Alhóndiga (al-funduq): edificio público con habitaciones, establos y almacenes. En ellos se hospedaban los comerciantes forasteros que llegaban a la ciudad, se almacenaban sus mercancías, y se realizaban las transacciones comerciales de compra, venta y distribución a los zocos.
  • Aljama (al-yami): adjetivo que califica a la mezquita principal de la ciudad, la mayor, en la que se congregan los fieles para la oración comunitaria de los viernes (ya que ésta ha de tener lugar en una sola mezquita de la ciudad).
  • Almimbar (al-minbar): especie de púlpito, en las mezquitas aljamas, situado a la izquierda del mihrab de cara a los fieles, desde donde el jatib pronuncia el sermón (jutba) durante la oración comunitaria de los viernes.
  • Alminar (al-manar): torre de la mezquita desde donde se llama a la oración a los fieles musulmanes.
  • Almogávar (al-mugawir): el que hacía incursiones o algaras en tierras enemigas, a fin de obtener botín, y generalmente perteneciente a las milicias de uno u otro lado de la frontera de al-Andalus.
  • Almotacén (al-muhtasib): funcionario encargado de la vigilancia y comprobación del cumplimiento de la ley en lo que a pesos y medidas se refiere, así como de otras cuestiones relativas al buen funcionamiento del mercado (producción artesanal, higiene, justicia…)
  • Almuédano véase “Muecín”: (al-mu’adhdhin) o encargado de convocar a los fieles a la oración desde lo alto del alminar de la mezquita.
  • Almunia (al-munya): finca, hacienda.
  • Alquería (al-qarya): casa de labranza geográficamente aislada, o el conjunto de dichas casas. Aldea, lugar rural.
  • Alquibla (al-quibla): la dirección hacia la Meca. Por su valor ritual, es la orientación que adopta el musulmán durante la oración, así como en otros acontecimientos de la vida cotidiana,. En la mezquita, el muro qibli es en el que se sitúa el mihrab.
  • Ataifor: tipo de fuente ancha (20-25 cm) y de poca profundidad (5-10 cm)
  • Atalaya: torre vigía.
  • Ataurique (at-tauriq): tipo ornamental en el que se entrelazan estilizados motivos vegetales.

B

  • Baraka: bendición, carisma, fuerza benéfica.
  • Basmala: se llama así a la expresión bi-smi-llahi (r-rahmani r-rahimi) “en nombre de Dios (el Clemente, el Misericordioso)” que es la invocación religiosa con la que los musulmanes inician todo tipo de acto religioso o de la vida cotidiana susceptible de un buen fin, que sea para bien (escritos, antes de empezar a comer, etc.)

C

  • Califa (jalifa) máximo gobernante en la sociedad islámica, cuya misión es la defensa de la fe y la administración política del Estado, lo que le otorga atributos de liderato religioso y político. El término, que literalmente significa “sucesor”, se aplicó originalmente para designar a los primeros sucesores del profeta Muhammad (Mahoma) en el liderazgo de la comunidad. Su equivalente técnico es Imam, y su equivalente honorífico Amir al-mu’minin (“Príncipe de los creyentes”).
  • Climas (Iqlim): cada uno de los distritos menores en que estaban divididas las coras (división territorial de al-Andalus equivalente a comarca o distrito administrativo de régimen civil). Constituían unidades administrativas y financieras de tipo agrícola. Contaban con una población importante o fortaleza y varias alquerías (casas de labranza alejadas de los centros urbanos), así como territorios comunales llamados ayza’.
  • Cora (kura): tipo de división territorial de al-Andalus equivalente a comarca o distrito administrativo de régimen civil. Tenía como capital una ciudad importante y era regida por un gobernador. En términos generales, las coras se correspondían geográficamente con las antiguas diócesis y condados visigodos.

E

  • Emir (amir) cargo político equivalente a príncipe o jefe (literalmente designa al que tiene amr, “poder, autoridad”); en época omeya designaba a los gobernadores de las provincias (por ello en al-Andalus, fue el título de los primeros gobernadores dependientes del califa de Damasco y, posteriormente, de algunos de los reyes de taifas.). El título honorífico de Amir al-mu’minin (“Príncipe de los creyentes”) llegará a equivaler al de Califa.

F

  • Fitna: literalmente, desorden, levantamiento, disgregación; este término designa los períodos de guerra civil con connotaciones políticas y religiosas (suponen cismas en la fe). Referido a al-Andalus, la fitna es el período de guerra civil que desembocó en la desaparición del Califato Omeya de Córdoba y la desmembración de al-Andalus en distintas Taifas.

H

  • (“narración”, “noticia”) en el Islam sunní u ortodoxo, es el relato que recoge la tradición profética, los dichos y hechos del Profeta narrados por sus contemporáneos y transmitidos en los primeros tiempos por vía oral y posteriormente recopilados en diversas colecciones.
  • : Literalmente significa “sagrado, inviolable, …”. Es la estancia sagrada del santuario de la Meca. En las mezquitas, la sala de oración principal. Harén.
  • : chambelán o jefe representante del emir o califa. En al-Andalus, el título de hayib llegó a ser superior al de visir, de entre los que era designado. Tenía gran poder, llegando a sustituir al califa en funciones de gobierno si éste estaba ausente o lo demandaba. Este título gozó de tal prestigio que fue preferido (en lugar de otros como el de malik o sultán) por algunos de los gobernantes de las Taifas en el intento de legitimarse en el poder.
  • Hégira (hiyra): emigración o traslado del Profeta Muhammad de la Meca a Medina el año 622 JC. Da nombre al calendario islámico que comienza dicho año.
  • : término que designa el conjunto de normas de ordenación social que velaban por la moralidad pública. En al-Andalus, el funcionario encargado de la hisba era el sahib al-hisba -también llamado sahib as-suq (“señor del zoco”)-, era el encargado de mantener el orden público y la supervisión de las actividades económicas de las ciudades.

I

  • Imán (Imam): guía espiritual de la comunidad islámica. Como título, fue adoptado por los califas (los imanes por excelencia), como jefes de la comunidad. En otro de sus sentidos designa a la persona que dirige la oración ritual comunitaria, mientras se está realizando.
  • Iwan: Sala abovedada.

J

  • Jatib (jatib): el que predica, el que pronuncia el sermón (jutba) durante la oración comunitaria del viernes al mediodía. Lo hace desde el almimbar, de pie y portando una vara o bastón en su mano (o un arco o espada si tiene lugar el sermón en un territorio o país que ha sido conquistado por las armas) mientras los fieles le escuchan sentados en silencio.
  • : sermón pronunciado por el jatib desde el almimbar en la oración solemne de los viernes. Precede a la oración propiamente dicha y a diferencia de ésta que se recita en árabe, la jutba se pronuncia en la lengua o dialecto del lugar dónde se reza. Tanto la jutba como el resto del acto religioso del viernes tiene lugar en una sola mezquita de la ciudad, la mezquita aljama (según algunas escuelas islámicas) y el hecho de mencionar el nombre del gobernante en dicho acto le confiere una importancia singular ya que supone la sumisión, lealtad y reconocimiento del poder político del soberano; no mencionar al gobernante en la jutba es expresión de rebeldía o independencia.

M

  • Macsura (maqsura): lugar cerrado dentro de la sala de oración de las mezquitas aljamas, reservado para el emir o el califa.
  • Madraza : (al-madrasa) colegio o escuela coránica, especializada en el estudio de la ciencia religiosa especialmente jurisprudencia y derecho canónico. Esta institución, que podía ser de fundación pública o privada, cubría las necesidades de maestros y alumnos. Algunas madrazas llegaron a ser centros intelectuales de primer orden. Desde el punto de vista arquitectónico, las madrazas, estuvieron asociadas en una primera época a una mezquita, y posteriormente fueron edificios independientes; eran de planta cuadrada y contaban con aulas, dormitorios y otras dependencias dispuestas en torno a un patio central.
  • Magreb: semánticamente indica el lugar por dónde se pone el sol, el Occidente. Se trata por tanto del noroeste de África, es decir, lo que se corresponde actualmente con los países norteafricanos de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia (la antigua Tripolitania). Algunos autores árabes llegaron a englobar en este término geográfico a al-Andalus.
  • Marca: división geográfico-administrativa de carácter fronterizo al frente de las cuales estaba un jefe militar o qa’id. (a diferencia de las coras que no eran territorios fronterizos y estaban regidos por un gobernador civil o valí).
  • Maristan (bimaristan): hospital (termino de origen persa compuesto por bimar “enfermo” e istan “lugar”). Fundados por gobernantes y grandes hombres, eran mantenidos por donativos píos.
  • Marranos: término con el que se designaba en territorio cristiano a los judíos conversos que seguían practicando secretamente su religión.
  • Medersa: véase “Madraza”
  • Medina (al-madina): ciudad
  • Mihrab (mihrab): hueco, nicho o arco situado en el muro de la quibla (orientado hacia la Meca) en todas las mezquitas; indica el lugar hacia dónde se debe orar y es dónde se sitúa el imán para dirigir la oración. Su valor simbólico hace que este elemento arquitectónico sea el lugar más ricamente decorado de la mezquita.
  • Mocárabes: (al-muqarbas) elemento arquitectónico ornamental formado por la yuxtaposición tridimensional de secciones de prismas cónicos, produciendo un efecto similar al de las estalactitas.
  • Moriscos: nombre dado en los reinos cristianos peninsulares a los musulmanes convertidos al cristianismo tras de la Reconquista y posteriormente a sus descendientes (“cristianos nuevos”). Muchos fueron criptomusulmanes y, expulsados definitivamente de la península a principios del siglo XVII, pasaron mayoritariamente al norte de África donde se les conoció como los “andalusíes” (andalusiyyun) o “gentes de al-Andalus” (ahl al-Andalus)
  • Moros: (del latín maurus = natural de la Mauritania) (mauri > moro) es el término con el que en los reinos cristianos de la Península Ibérica se denominaba a los andalusíes, y por extensión a los magrebíes (tanto árabes como beréberes). En sí no es un termino peyorativo, pero hay que ser prudentes en su uso por la connotación despectiva que en ocasiones tiene en la actualidad.
  • Mozárabes (musta‘rab), cristianos que vivían en al-Andalus. Pagaban tributo especial como dimmíes (categoría social que englobaba a las “gentes del Libro” es decir, cristianos y judíos) y conservaban su organización eclesiástica y judicial. Las comunidades mozárabes de al-Andalus desaparecerían (salvo la de Toledo) a raíz de las invasiones norteafricanas de los Almorávides y Almohades, muy rigurosos en materia religiosa.
  • Mucarnas: véase Mocárabes
  • Mudéjares (mudayyan), “al que se le ha permitido quedarse”, musulmán que se quedaba, mediante pacto, en los reinos cristianos peninsulares al ser conquistada su tierra. Como en el caso inverso, tenían un estatuto especial, pagaba tributo y conservaba su religión y propiedades bajo ciertas condiciones. Empiezan a ser un grupo social importante a partir del 1085 (toma de Toledo por Alfonso VI) apareciendo en la documentación cristiana como “mauri” [moro] o “sarracenii”, sin que se les denomine con el término “mudéjar” hasta la guerra de Granada (s. XV), cuando ya la situación de aquellos que no habían emigrado a al-Andalus se había deteriorado considerablemente por una política hostil. A partir de 1501 fueron expulsados de la península Ibérica, y los que se quedaron tuvieron que convertirse al cristianismo pasando a ser conocidos como “moriscos”.
  • Muecín: véase Almuédano.
  • Muladíes (muwalladun): descendientes de cristianos hispanos conversos al Islam (musalima) o de matrimonios mixtos entre musulmanes y cristianos en al-Andalus. Se fueron integrando en la sociedad islámica desde el s. VIII.
  • al-Mulk: el poder, el dominio, la realeza.
  • Muyahidun: (sing. muyahid) aquellos que participan en la empresa del Yihad o guerra santa.

Q

  • Qubba: cúpula. El término también designa por extensión a un tipo especial de mausoleo, el “morabito”; son edificaciones de planta cuadrada coronada por una cúpula -de la que toma el nombre- que dan sepultura a musulmanes piadosos considerados como “santos”. Se trata de un fenómeno típicamente magrebí.

R

  • Rábida (ribat): fortaleza fronteriza de carácter eremita vinculada con la guerra santa, es decir, una institución conventual destinada al retiro, la oración y la defensa militar del dominio del Islam. El recinto amurallado albergaba en su interior viviendas, almacenes y una mezquita.
  • Riwaq: pórtico

S

  • Sahn: patio de la mezquita.
  • Sufí.(sufi): Místico musulmán. Toma su nombre del suf o sayo de lana con el que se vestían. El sufí lleva a cabo una búsqueda mística de la unicidad divina a través del dhikr (“recuerdo, invocación del nombre de Dios”) que es la repetición constante de una jaculatoria de loor a Dios, acompañada o no de danzas o ritmos y música, que conduce al éxtasis.

T

  • Taifa (ta’ifa) literalmente significa “partido” y es el término con el que se denomina a los distintos estados locales en que se dividió al-Andalus tras la desaparición del Califato de Córdoba (s. XI). Es comúnmente aceptada la clasificación étnico-social de estos reinos de Taifas (muluk al-tawa’if) según la cual se dividirían en taifas eslavas, taifas de beréberes “nuevos” y taifas andalusíes. La llegada de los Almorávides a la península ibérica puso fin a la las “primeras Taifas” (postcalifales). Posteriormente volvería a fragmentarse políticamente al-Andalus en las denominadas “segundas Taifas” (postalmorávides) y “terceras Taifas ” (postalmohades).
  • Taracea (trasi‘): “incrustación”, técnica decorativa consistente en el embutido o incrustación en madera de pequeños trozos de marfil, nácar u otras maderas, naturales o teñidas, de distinto color.
  • Tiraz: tejido lujosamente bordado – oro, sedas y brocados- con bandas de inscripciones, confeccionado fundamentalmente para la indumentaria ceremonial del califa. Se producía solamente en los talleres textiles de Palacio (dar al-tiraz). El tiraz era símbolo de soberanía, prerrogativa del califa (junto con la acuñación de moneda y la mención de su nombre en la jutba), quien podía otorgar, como gran distinción, el honor a vestir este tipo de indumentaria de lujo.

U

  • Ulemas (‘ulama’): sabios, doctores eruditos, especialista en el Corán y la sunna y, fundamentalmente, dedicados a la ley islámica (shari’a) [frente a los alfaquíes más especializados en el fiqh o jurisprudencia].
  • Umma: la comunidad de los creyentes musulmanes (Umm : “madre”)

V

  • Visir (wazir): ministro, alto funcionario. Eran elegidos por el soberano y aconsejaban y ayudaban en funciones administrativas y de gobierno. De entre ellos se designaba al hayib.
  • Valí (wali): gobernador de una provincia o un distrito. Tenía atribuciones políticas y militares y, en algunos casos -como en al-Andalus- también financieras.

Y

  • Yamur: remate del alminar (o minarete) formado por esferas metálicas de tamaño decreciente.
  • Yihad: guerra justa. En su sentido semántico es el “esfuerzo” físico y moral del hombre por mantener y extender los preceptos coránicos; en su sentido místico es la lucha contra el mal; y jurídicamente, un deber de la comunidad creyente.

Z

  • Zakat: Azaque o limosna legal. Durante la Edad Media llegó a transformarse en el tributo más importante, y se destinaba al socorro de los pobres, al rescate de esclavos, a la ayuda a los viajeros y a sufragar la guerra santa.

Islamic coins – Monedas Islamicas

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XIII CONGRESO INTERNACIONAL DE NUMISMÁTICA

13-19 SEPTIEMBRE 2003 – MADRID

Al-Andalus: The History of Islamic Iberia (Spain & Portugal)

NazcbbrWelcome to the bilingual Web site created for the subject of “History of al-Andalus” of Syracuse University in Spain. This Web has been designed specifically as a didactic support tool. Here you can find graphic material and selected readings, Arabic transliteration systems (English and Spanish), chronologies, glossaries and general and specific bibliography, the schedule of weekly topics, activities and readings, interesting links related to Mediaeval History, Islamic Civilization, Islamic Coins, and books and mediaeval sources edited in Internet along with useful information about scholarships, conferences, and other cultural activities. And … a direct e-mail with your professor.

Bienvenido al sitio bilingüe creado para la asignatura de “Historia de al-Andalus” de la Syracuse University in Spain. Este sitio ha sido diseñado especí ficamente como un instrumento, como un soporte didáctico. Aquí podrás encontrar material gráfico, una selección de textos, los diferentes sistemas de transliteración del árabe, cronologías, glosarios, bibliografías, el Syllabus de la asignatura, interesantes enlaces con otros sitios de la Web relativos a la Historia Medieval, la civilización islámica, monedas islámicas, libros y fuentes editados en Internet, así como información práctica sobre becas, ofertas de trabajo, conferencias y otras actividades culturales. Y… correo electrónico directo con tu profesor.

Gobierno y constitución de Marruecos

El presente documento es un extracto de la monografía sobre MARRUECOS elaborado por la Oficina de Información Diplomática cuyo texto íntegro puede encontrarse en la página Monografías de la OID del web site del Ministerio de Asuntos Exteriores de España.

Como en dicha página se indica,

“La Oficina de Información Diplomática pone a disposición de los profesionales de los medios de comunicación y del público interesado en general la presente colección de monografías sobre países con los que España se relaciona.

La información contenida en las mismas es pública y basada en datos objetivos, sin contener en ningún caso tomas de posición políticas, ni valoraciones subjetivas.

Los datos están actualizados a la fecha que figura en cada caso”.

Aquí, el lector podrá encontrar extractado del capítulo III. CONSTITUCIÓN Y GOBIERNO de dicho informe:

III. CONSTITUCIÓN Y GOBIERNO

La Constitución actual marroquí fue aprobada por referéndum de 13 de septiembre de 1996 y promulgada por Dahir de 7 de octubre del mismo año (Boletín Oficial del Estado 10-10-1996).

Se trata de un texto que, como gran novedad, incluyó la institución de un sistema parlamentario bicameral. El Parlamento se compone de una Cámara de Representantes y otra de Consejeros. La elección de los diputados de la Cámara de Representantes, es por sufragio universal, directo y secreto, en su totalidad (hasta la reforma sólo se hacía en sus 2/3).

La Cámara de Consejeros, por su parte, es elegida indirectamente a través de las Colectividades Locales, las Cámaras Profesionales y los Sindicatos y tendrá capacidad para plantear un voto de censura al Gobierno además de para proponer leyes, controlar la actividad del Ejecutivo y constituir comisiones de investigación.

La Constitución, por otro lado, reinstaura los antiguos planes de desarrollo, que sustituyen a los programas económicos y sociales integrados; contempla la existencia de un Tribunal de Cuentas y la creación de Tribunales Regionales de Cuentas y consagra la Región como colectividad local institucional junto a las Prefecturas Provinciales y las Comunas, con vistas a la consecución de la descentralización administrativa. Declara asimismo que el Gobierno es responsable no sólo ante el Rey sino también ante el Parlamento y establece garantías para el ejercicio del derecho de propiedad y de la libertad de empresa.

Por lo demás, en su Preámbulo y Títulos 1.º y 2.º se señala que el Reino de Marruecos es un Estado musulmán soberano y constituye una parte del Gran Magreb. Como Estado africano, uno de sus objetivos es la realización de la unidad africana. Se adhiere a los principios, derechos y obligaciones de aquellas organizaciones internacionales de las que es miembro y trabaja por la preservación de la paz y de la seguridad en el mundo.

Marruecos es una monarquía constitucional, democrática y social. La soberanía pertenece a la nación y es ejercida directamente por medio del referéndum e indirectamente por las instituciones constitucionales. Todos los marroquíes son iguales ante la ley y todos los mayores de edad gozarán de igualdad de derechos políticos, incluyendo el de sufragio. Están garantizadas las libertades de movimiento, opinión, discurso y el derecho de reunión. El Islam es la religión del Estado.

La Corona de Marruecos y sus correspondientes derechos constitucionales son hereditarios en los sucesores del Rey y son transmitidos al hijo mayor a no ser que, en vida, el Rey haya nombrado como sucesor suyo a otro de sus hijos. El Rey es el símbolo de la unidad, garantiza la continuidad del Estado y salvaguarda el respeto al Islam y a la Constitución. El Rey tiene poderes para nombrar y destituir al primer ministro y a los ministros y preside el Gabinete. Promulga la legislación aprobada por el legislativo y tiene facultades para disolver las dos Cámaras del Parlamento o una de ellas solamente; está facultado para declarar el estado de excepción y para iniciar revisiones de la Constitución. El Rey es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas; nombra los cargos civiles y militares, los embajadores; firma y ratifica los tratados; preside el Consejo para la Planificación del Desarrollo Nacional y el Consejo Supremo de Justicia y ejerce el derecho de gracia.

El Poder Legislativo consta de dos cámaras, la Cámara de Representantes y la Cámara de Consejeros. La primera se compone de 325 miembros, que son elegidos por sufragio universal directo para un periodo de 5 años. La segunda tiene 270 miembros, elegidos de la siguiente manera:3/5 en cada región por un colegio electoral compuesto por representantes de las colectividades locales;2/5 en cada región por colegios electorales compuestos por representantes de las cámaras profesionales y por miembros de un colegio electoral de representantes de los asalariados.

El Parlamento aprueba la legislación. La Cámara de Representantes otorga o deniega la confianza al Gobierno: La Cámara de Consejeros vota mociones de advertencia o de censura. Esta última entraña la dimisión del Gobierno, siempre que sea aprobada por mayoría de 2/3.

El Gobierno es responsable ante el Rey y ante el Parlamento y garantiza la ejecución de las leyes. El primer ministro ejerce los poderes establecidos por la ley, a excepción de aquellos ámbitos reservados al Rey y debe presentar ante el Parlamento el programa de Gobierno, siendo responsable de la coordinación del trabajo ministerial.

MARRUECOS . RECURSOS

Enlaces

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Los recursos están agrupados temáticamente para facilitar la consulta.

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* Histoire du Maroc (Le Matin du Sahara et du Maghreb)
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* Le Maroc et l’Union Européenne

* Historical Background on United States – Morocco Relations

* Official Visits (U.S.-Morocco)

* King Mohammed VI of Morocco visit to the U.S., June 20, 2000

* U.S. Trade with Morocco in 2000

* Les relations Franco-Marocaines

*EXTRACTO DEL INFORME DEL SECRETARIO GENERAL DE NACIONES UNIDAS SOBRE LA SITUACIÓN RELATIVA AL SÁHARA OCCIDENTAL  
24 de septiembre de 1997 (S/1997/742)

* INFORME DEL SECRETARIO GENERAL DE NACIONES UNIDAS SOBRE LA SITUACIÓN RELATIVA AL SÁHARA OCCIDENTAL 28 de enero de 1999. (S/1999/88)

*  British Consuls to Morocco

* Swedish Consuls in Morroco, 1800-1849

* French Consuls in Morocco

* Spanish Consuls in Morocco, 1799-1912

* Swedish-Norwegian Consuls in Morocco

* US Consuls to Morocco


Textos y Documentos                  Articles and documents


1200

* Ibn Said: Book of the Maghrib, 13th Century

 

1800

* Treaty of Peace between the United States and Morocco, Meknes, 16 September 1836

* Firman of Appointment of Muhammad `Ali as Pasha of Egypt Issued by Ottoman Sultan, 1840 

* Letter Threatening Military Reprisals by French on Moroccan Pirates,1855

* Convention Between Morocco and Spain extending the Limits of Melilla etc., signed at Tetuan, 24 August 1859

* Convention between Great Britain and Morocco relative to a Loan to be raised in London by Morocco, signed at Tangier, 24 October 1861 

* Commercial Treaty Between Spain and Morocco (1861)

* Proclamation by the French Consulate-General, Tangier, [1862]

* Edmondo de Amicis: One Day in Morocco, c. 1870 A traveler’s account.

* Convention as to Cape Spartel Lighthouse between the United States, Austria, Belgium, France, Great Britain, Italy, the Netherlands, Portugal ,Spain, Sweden and Norway, And Morocco. 1867

* British Order in Council, for the regulation of British Consular Jurisdiction in Morocco. Osborne, February 4, 1875 

* Convention as to Protection in Morocco Between the United States, Germany, Austria, Belgium, Denmark, Spain, France, Great Britain, Italy, the Netherlands, Portugal, Sweden and Norway and Morocco. Signed at Madrid, July 3 ,1880.

1900

* Moroccan delegation to Edward VII

* Declaration Between the United Kingdom and France Respecting Egypt and Morocco, Together with the Secret Articles Signed at the Same Time Signed at London, April 8, 1904

* Declaration between the governments of France and Spain, respecting the integrity of Morocco. Signed at Paris, October 3, 1904.

* Declaration Between the Governments of France and Spain, Respecting the Integrity of Morocco. Signed at Paris, October 3, 1904.

* Algerciras Conference, 1906

* Agreement Between Germany and France Relative to Morocco, February 9, 1909 

Exchange of Notes Between France and Morocco, August 14-December 25, 1909 

*  Constitución 1992

* Constitution 1996

* “On the Road in Morocco” Speech by Edward M. Gabriel US Ambassador to the Kingdom of Morocco Council on Foreign Relations, September 15,1999
Washington, DC

* “Morocco and the United States: How we can Face Globalization Together” Ambassador Edward Gabriel Speech on Globalization, Tuesday, March 21, 2000

* “The Strategic Importance of Morocco and the Mediterranean Region” A speech by Ambassador Gabriel before the 1999 Security Assistance and Defense Cooperation Conference, United States European Command

 

 

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El protectorado español en Marruecos (1912-1956)

Aún hoy se admite con demasiada despreocupación que el colonialismo español en el noroeste de África se produjo como respuesta a la pérdida en 1898 de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. A continuación se añade que los sectores más reaccionarios y conservadores, entre los que el ejército estaría en primera fila, empujaron a España a una nueva aventura colonial en África del Norte que se saldó, tras enormes pérdidas de vidas de españoles y marroquíes, con la independencia de Marruecos en 1956, aunque aún quedaron pendientes los asuntos de Tarfaya (1958), Guinea (1968), Ifni (1969) y Sahara (1975).

Lo anterior es sólo una parte de la verdad. En realidad, la intuición de que la pérdida de Cuba era inevitable comenzó a manifestarse hacia mediados del siglo XIX, un sentimiento que se fortaleció tras la Guerra de los Diez Años (1868-1878). A partir de ese momento, los esfuerzos coloniales españoles se dirigieron a buscar una alternativa a la previsible y temida pérdida de la provechosa isla antillana. En un primer momento las miradas se volvieron hacia Filipinas, cuya puesta en explotación se pensaba que podía compensar la separación cubana (Delgado, 1998). Sin embargo, no se dejó de prestar atención a otras zonas más cercanas a la península: el golfo de Guinea, la costa sahariana y Marruecos. Hacia estos lugares se dirigieron en exclusiva las miras colonialistas tras la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898. En las líneas siguientes centraré mi atención en el norte del territorio marroquí, dejando de lado las otras zonas.

El creciente interés español por Marruecos a lo largo del siglo XIX

El interés hispano por el imperio marroquí venía de antiguo. Sin remontarnos a períodos pretéritos, conviene señalar que a partir de la segunda mitad del si­glo XVIII se observa un estrechamiento de las relaciones entre ambos países, especialmente a raíz de la firma del Tratado de Paz, Comercio, Navegación y Pesca de 1767 (García & Bunes, 1992). Como consecuencia se produjo un importante aumento del comercio hispano-marroquí entre 1767 y 1830, aunque con un crónico déficit de la balanza comercial española. Paralelamente fue en aumento la influencia española en el país vecino: en Cádiz se llegó a acuñar la moneda marroquí, mientras que técnicos, militares y aventureros españoles jugaron un papel más o menos relevante en la vida del sultanato (Martín Corrales, 1988). A partir de 1830 la presencia hispana en Marruecos se hizo más agresiva. Su influencia política aumentó notoriamente gracias a que un grupo de españoles continuó desempeñando un papel de cierta importancia en puestos claves del país. Paralelamente, el comercio sufrió un cambio sustancial con motivo de la prohibición española de importar trigo extranjero y el incremento, por modesto que fuera, de las exportaciones españolas hacia Marruecos, con el resultado de que la balanza comercial entre los dos países pasara a saldarse positivamente para España. Sin embargo, los conflictos no estuvieron ausentes de este panorama, especialmente el hostigamiento a los presidios españoles en el litoral marroquí (Ceuta, Melilla, Peñón de Vélez y Alhucemas) y los ataques de los cárabos rifeños a las embarcaciones que se aproximaban en demasía a la costa del Rif (Castel, 1954; Fernández Rodríguez. 1985; Pennell, 1991; Martín Corrales, 1996a).

La combinación de los deseos de aumentar la influencia española en Marruecos, así como los de acabar con los conflictos en el litoral rifeño, se enfrentaban con la realidad de una España políticamente dividida (absolutistas contra liberales, moderados contra progresistas, guerras carlistas) y empobrecida que, paralelamente, perdía importancia en el conjunto de la sociedad interna­cional. Máxime cuando aumentaban sus problemas para controlar sus colonias antillanas y asiáticas. De ahí que se haya hecho, justificada pero exageradamente, una lectura de la guerra de África de 1859-60 en clave de política interior: búsqueda de la unión nacional ante los enemigos extranjeros (Lecuyer & Serrano, 1976).

Sin embargo, y a pesar de esta afirmación, no es posible olvidar que la aventura africana también hay que entenderla en función del creciente interés que despertaba el noroeste africano. No fue casual que previamente, en 1848, España ocupara las islas Chafarinas situadas frente a la desembocadura del Muluya. Tampoco lo fue la citada guerra de África. En realidad, ambos acontecimientos hay que considerarlos como los primeros y titubeantes pasos de un proceso que terminó desplazando los intereses colonialistas españoles del área antillana a la africana. Significativa es al respecto la participación de la naviera «A. López y Cía.» (futura Compañía Trasatlántica) de Antonio López (futuro Marqués de Comillas) en el conflicto mediante el flete de sus barcos para transportar tropas y pertrechos a Ceuta. Como recompensa, el Estado le concedió el correo oficial con las colonias antillanas, actividad a la que muy pronto unió el servicio postal entre la península, el Marruecos atlántico y el golfo de Guinea (Rodrigo, 1996). Su actividad simboliza perfectamente a aquellos sectores económicos firmemente anclados en la economía cubana pero que oteaban el horizonte en busca de otras zonas en las que aumentar sus beneficios y, en caso de que la desgracia llegase, reemplazar la perla antillana por el mercado africano, filipino y magrebí.

La deteriorada situación política, económica y social hispana de mediados del siglo XIX, juntamente con la supeditación de la política exterior española a los designios de Francia e Inglaterra, explican que, a pesar de lo apuntado con anterioridad, los resultados obtenidos en lo que se refiere al reforzamiento de la influencia hispana en el país vecino fueran escasos. Sin embargo, se suelen infravalorar algunos aspectos cuya importancia es mayor de la que generalmente se le concede. Primero, que la guerra de África («guerra grande de la paz chica») se inscribe en el proceso incipiente del imperialismo europeo, en especial en la zona (Francia ocupó Argelia en 1830). Segundo, España consiguió en la práctica la ampliación de los límites territoriales de Ceuta y Melilla, imprescindibles para que llegado el momento ambas plazas pudieran convertirse en la punta de lanza, y también en la retaguardia, de la penetración española en territorio marroquí. Tercero, se consolidó y se extendió la red consular española. Cuarto, España consiguió el reconocimiento marroquí a sus pretensiones de «proteger» (sustraer de la legislación local y colocar al amparo legislativo español) a súbditos del imperio. Quinto, se arrancó del sultán el derecho español sobre el ignorado solar en el que en tiempos pretéritos se había erigido la factoría-fortaleza de Santa Cruz de la Mar Pequeña de Berbería. Sexto, también se obtuvo el reconocimiento a la influencia española sobre las tribus de la costa sahariana frontera a las islas Canarias. Indudablemente, estos factores influyeron decisivamente (aunque no con la contundencia que por parte española se deseaba) para que España fuera incluida en el club de los países que debían repartirse Asia y África en las siguientes décadas. En otras palabras, España consiguió que se le admitiera, aunque con limitaciones, en las filas imperialistas en el momento en el que iba a celebrarse el festín colonial.

El impulso colonial del africanismo económico

Teniendo en cuenta estos precedentes no debe sorprender que en la segunda mitad del siglo XIX se produjera el surgimiento del africanismo español (corriente que abogaba por la penetración pacífica basada en los intercambios mercantiles), que se concretó en la celebración de una serie de conferencias y encuentros: Conferencia de Madrid (1880), Congreso Español de Geografía Colonial y Mer­cantil (1883), Mitin del Teatro Alhambra de Madrid (1884), Congresos Africanistas de Madrid (1907 y 1910), Zaragoza (1908) y Valencia (1909). Se crearon diversos organismos colonialistas españoles: Sociedad Geográfica de Madrid (1876), Sociedad Española de Africanistas y Colonistas (1883) y Liga Africanista Española (1913). Paralelamente, surgieron numerosas firmas para fomentar el comercio hispano-marroquí: Compañía Comercial Hispano Africana (1885), Centros Comerciales Hispano-Marroquíes de varias ciudades, entre otros. También se llevaron a cabo diversas expediciones a la zona de influencia reclamada por esta corriente (Rodríguez, 1996).

Dentro del panorama citado es importante resaltar el papel de buque insignia del colonialismo español que jugó la Compañía Trasatlántica (vinculada a la zona desde la guerra de África de 1859-60). En 1886, la compañía se benefició de la firma de un importante contrato con el Estado por el que se establecieron tres líneas de navegación a vapor que unían diversos puertos peninsulares, entre ellos Barcelona, con varios africanos, entre los cuales figuraban Tánger, Larache y Ceuta. Su dedicación a las actividades comerciales, al transporte colectivo de viajeros, a la conducción de la correspondencia oficial y a la prestación, en caso necesario, de servicios auxiliares de guerra fue subvencionada generosamente. Los intereses de la Compañía fueron determinantes a la hora de la creación, el mismo año, de la Cámara de Comercio Española en Tánger, cuyos miembros más influyentes, el vicepresidente Francisco Torras y Riera y Rodolfo Vidal, fueron representantes de firmas catalanas. Al año siguiente, la Compañía creó el Centro Comercial Español en la ciudad tangerina. Ambas instituciones contaron con varias sucursales en diferentes ciudades marroquíes, siendo uno de sus objetivos el de dar a conocer la producción catalana. Desde 1887 la Trasatlántica se asoció a la mayor parte de las iniciativas comerciales en dirección a Marruecos, incluida su participación en el Banco Hispano-Colonial. Contó con factoría y taller en la ciudad y en 1891 creó la primera empresa tangerina de alumbrado público a través de la firma Vidal y Compañía. A comienzos del nuevo siglo, en un departamento de la Compañía, y a su cuidado, estuvo el servicio de Cajas del Banco de España. Asimismo, organizó diversas misiones comerciales (Bonelli, 1887 y 1889; Francisco Ruiz, 1888), la creación de escuelas y la expansión misionera (con el encargo, que finalmente no se llevó a cabo, dado a Gaudí para erigir la sede de las misiones franciscanas en Tánger) como medios para fomentar la influencia española, apoyó ante la corte marroquí el proyecto de construcción en Tánger de un barrio europeo, de una banca marroquí y de una fábrica textil. Igualmente, estuvo interesada la construcción del ferrocarril, líneas Tánger-Fez y Ceuta-Tetuán, así como la colonización agrícola de la zona y, finalmente, en la construcción del puerto de Ceuta (Martín Corrales, l996a y b).

En definitiva, la expansión colonialista europea de la segunda mitad del siglo XIX, junto con la existencia de una sólida tendencia africanista en el interior y la pérdida de las colonias antillanas y filipina en 1898, actuaron como factores que legitimaron las aspiraciones de unos determinados y concretos sectores del capital español interesados en participar, por muy modestamente que fuera, en el nuevo reparto colonial. Como en el caso de otras potencias europeas, las miradas se dirigieron hacia la explotación de los recursos indígenas, las concesiones ferroviarias, la industria de armamento y los monopolios, tanto industriales como comerciales.
De ahí que fueran el capitalismo industrial financiero vasco, el industrial catalán y el financiero madrileño los más decididos agentes de la nueva aventura colonial. También se sumaron a la escalada expansionista numerosos comerciantes y modestos capitalistas levantinos y andaluces interesados en aumentar sus exportaciones y en obtener beneficios en su labor de intermediación con el mercado marroquí, haciendo valer la ubicación estratégica de sus puertos. El celo colonialista desplegado en las salas de bandera de los cuarteles, en las redacciones de los diarios y en otros lugares fue alimentado y sostenido por los citados sectores económicos. Así pues, la conjunción de variados intereses, débiles por separado, pero vistos como sólidos en la amalgama vocinglera colonialista, colocaron a España frente a una nueva andadura colonial. Esta abigarrada conjunción de motivaciones fue la que, a la postre, marcó las características del dominio colonial español en Marruecos.

El protectorado español (1912-1956)

El marco exterior favorable a la expansión colonialista en Marruecos se concretó en la celebración de la Conferencia de Algeciras de 1906, en la que, al legitimarse la «protección» europea sobre el citado país, se dio luz verde a las aspiraciones españolas, que fueron sin embargo recortadas debido a la pugna imperialista que enfrentaba a Francia, Inglaterra y Alemania.

Finalmente, el protectorado español de Marruecos fue instaurado en 1912. Sin embargo, desde una fecha anterior, 1909, hasta 1927, su viabilidad estuvo seriamente comprometida por la resistencia de los marroquíes a aceptar el dominio español en la zona, lo que se tradujo en violentos enfrentamientos que produjeron innumerables bajas para la población civil (Ayache, 1981). Para doblegarlos no se tuvo contemplaciones: bombardeo de poblados, quema de viviendas y campos de cultivo, etc. No fue la única resistencia que hubo que vencer, ya que, como es bien sabido, en la misma España el rechazo a la expansión colonial estuvo a punto de dar por terminada la aventura: rebelión popular de la Semana Trágica en Barcelona y otras ciudades catalanas en 1909 (Connelly, 1972), movilización anticolonialista del movimiento obrero organizado (Bachoud, 1988; Prieto,1990; Serrano, 1998) y desacuerdos en el mismo seno del ejército (Sueiro,1993).

La Dictadura de 1923 facilitó (junto con las elevadas bajas causadas por los rifeños a los soldados españoles) el silenciamiento de las citadas protestas. El nuevo clima de forzada «unanimidad» creada por la represión militar y el deseo de venganza tras Annual y Monte Arruit (por desgracia bastante extendido) facilitaron el despliegue de las energías necesarias para imponerse a la recién creada República del Rif en el campo de batalla. El desembarco de Alhucemas supuso el principio del fin del sueño de independencia de los rifeños: las rudimentarias bases del aparato estatal rifeño, lideradas por Abdelkrim el Jatabi, fueron destruidas por el avance del ejército español, ante el silencio (en buena parte forzado) de las fuerzas de izquierda metropolitanas (AA.VV. 1976; Woolman, 1971; Martín, 1973).

En 1927 el dominio español fue efectivo por primera vez en el conjunto del territorio que le tocó proteger. La potencia colonial tardó 15 años (la tercera parte del tiempo que duró el protectorado) en «pacificar» y en controlar la zona que la Conferencia de Algeciras le había asignado. La labor civilizadora y protectora (justificadora de la presencia de España en Marruecos) se demostró mediocre, tal como hacían prever las escasas fuerzas del país colonizador.

Las condiciones materiales de la zona y su desconocimiento

En realidad, en 1912 se desconocía casi todo acerca de Marruecos: ni siquiera se sabía con exactitud la extensión de la zona sometida a la tutela española (unos 20.000 km2, en los que las zonas montañosas y las áridas llanuras dejaban poco espacio para las tierras cultivables). Se ignoraba el número de habitantes al que había que proteger (las estimaciones oscilaban entre los 600.000 y una cifra superior al millón), aunque era conocido que se trataba de un poblamiento fundamentalmente rural con sólo dos ciudades (Tetuán con unos 20.000 habitantes y Larache con apenas 10.000, pues Tánger, internacionalizada, quedó fuera del protectorado). No debe extrañar que tampoco se supiera casi nada de las riquezas, reales o potenciales, que encerraba la región. No existía una red de comunicaciones que facilitara la penetración en el territorio y su posterior control. La explotación de sus recursos agrícolas, ganaderos y pesqueros apenas si cubría las necesidades de la población, por lo que era necesario importar diversos productos (especialmente cereales) para asegurar su alimentación, así como recurrir a la emigración temporal a las llanuras argelinas en busca de trabajo en las explotaciones de los colonos europeos.

La noción de protectorado suponía el mantenimiento de las formas de gobierno tradicionales de los marroquíes, aunque tuteladas por las instituciones políticas creadas por los colonizadores para desarrollar su correspondiente labor «civilizadora»). En la cúspide de la estructura política indígena se encontraba el jalifa (representante del sultán de Marruecos en la zona), asistido por el Majzen (gobierno presidido por el gran visir). Paralelamente, las ciudades eran regidas por los bajás, mientras que los caídes hacían lo propio en el ámbito rural. Por su parte, la estructura colonial pivotaba en torno al alto comisario asistido de delegaciones (Servicios Indígenas, Fomento y Hacienda) (Salas, 1992). En este esquema, la figura de los interventores, interlocutores coloniales ante los notables locales, tuvo una importancia extraordinaria (Mateo, 1997). La financiación de este aparato político-administrativo corrió por cuenta de la potencia colonizadora, para la que supuso un continuo y oneroso esfuerzo.

La explotación económica y sus protagonistas

A medida que geógrafos, geólogos, naturalistas, ingenieros, militares, científicos y empresarios fueron explorando la zona se puso en evidencia que las supuestas riquezas del territorio asignado a España eran más bien modestas (especialmente si tenemos en cuenta los medios disponibles para su explotación en la época) (García & Nogué, 1995; Albet & Nogué & Riudor, 1997).

Entre dichos recursos hay que destacar la riqueza minera del Rif, basada en los yacimientos de hierro, plomo, manganeso y antimonio y disputada por los franceses y los alemanes, que pugnaban por hacerse con su control desde la segunda mitad del siglo XIX. En 1908, poco después de la Conferencia de Algeciras, se constituyó la Compañía Española de Minas del Rif, que adquirió los derechos de las minas de Uixán y Axara y el derecho para construir un ferrocarril de 30 kilómetros desde los yacimientos hasta Melilla. En el accionariado de la empresa estuvieron presentes el capital vasco, especialmente el ligado a la siderurgia, las finanzas madrileñas y la catalana Compañía Trasatlántica. Por esas fechas también se constituyeron la Compañía Minera Hispano-Africana, la Compañía del Norte Africano, la Compañía Minera Setolázar y la compañía Alicantina. Estas empresas estuvieron entre las quince más importantes que operaron en Marruecos entre 1907 y 1952. Aunque la explotación fue importante, especialmente en el caso de la primera firma (que extrajo unos 30 millones de toneladas de mineral de hierro entre 1914 y 1958, correspondiendo sus mejores resultados a los años comprendidos entre 1927 y 1939), no fue el maná que se esperaba. El mineral extraído fue exportado en su casi totalidad (sin apenas elaboración) a Inglaterra, Holanda, Alemania, Francia, Italia y otros países europeos (Morales, 1976 y 1984: Madariaga, 1987). Está por ver si los beneficios obtenidos por las compañías mineras se invirtieron en la industria española contribuyendo a su fortalecimiento.

Paralelamente se crearon numerosas empresas para fomentar la explotación agrícola, entre ellas la Sociedad Española de Colonización, que junto con otras iniciativas empresariales pusieron en cultivo la zona del Lucus, así como parte de la cuenca del Kert. Surgieron poblados fundamentalmente agrícolas en Zeluán, Sengangan y Monte Arruit. Todo parece indicar que una de las actividades más importantes fue el cultivo del algodón, tal como lo indican las diversas empresas que se crearon al respecto (Algodonera Hispano-Marroquí, Algodonera Marroquí, Agrícola Textil Bilbao y Agrícola de Kert). Sin embargo, las cifras conocidas de extensión de cultivos y de los volúmenes de la producción no terminan por aclarar el verdadero peso de la agricultura colonial en el conjunto de la economía del protectorado (Morales, 1984; Gozalves, 1993). No deja de ser significativo que la granja creada por la Legión en su acuartelamiento de Dar Riffien fuera considerada como granja modelo del protectorado.

Menos conocida es la evolución de la explotación de los recursos pesqueros de la zona, especialmente por el hecho de que la actividad llevada a cabo desde los puertos de Ceuta y Melilla, especialmente desde el primero de ellos, con­tribuyera a ensombrecer el desarrollo de la actividad pesquera en puertos como el de Larache (Salas, 1992).

El grueso de la actividad industrial estuvo enfocada a satisfacer las más perentorias necesidades de las ciudades existentes en la zona y las de los núcleos urbanos creados por los colonizadores (en esta síntesis dejo deliberadamente de lado el caso de Ceuta y Melilla, puesto que jurídicamente no formaron parte del protectorado). En los primeros años de la colonia destacó especialmente la creación de empresas eléctricas (Eléctricas Marroquíes, en Tetuán; Eléctricas del Rif, en Alhucemas) y de la construcción. La depresión económica de los años treinta, que también tuvo sus repercusiones negativas en el protectorado, explica el ritmo lento de la aparición de empresas importantes en el citado periodo: Industrial Marítima (del sector químico, en 1927), Canariense Marroquí de Tabaco (en 1932), etc. El ritmo de la actividad industrial se agilizó a partir de la Guerra Civil española, sin duda alguna debido a las penurias y escaseces creadas por el propio conflicto en la España golpista. Posteriormente, el aislamiento internacional al que fue sometido el régimen franquista favoreció la aparición de empresas en los sectores del textil (Textil Hispano-Marroquí, 1945; Yanin Benarroch, 1950), del cuero (Industrias del Cuero, 1940; Sociedad Anónima Marroquí de Industria y Comercio, 1948), de la construcción (Cementos Marroquíes, 1945) y otros sectores (Compañía Industrial del Norte de África, 1944; Industrias Hispano-Marroquíes, 1950; Fábricas Reunidas de Crin Vegetal, 1952). Por su parte, la actividad conservera sólo alcanzó cierta importancia en Larache.

Hay que destacar que la explotación de los yacimientos mineros no favoreció prácticamente en nada el desarrollo industrial. Apenas hay que destacar la cons­trucción de hornos de desulfuración y de unos rudimentarios lavaderos en el caso de las empresas más importantes, como ocurrió con la Compañía Española de Minas del Rif. Aunque la explotación fue pronta y ampliamente mecanizada, buena parte de la maquinaria utilizada fue adquirida en el extranjero. Algo similar ocurrió con el trazado de la red ferroviaria de la zona: sólo contribuyó con los poco más de 30 kilómetros de Melilla hasta San Juan de las Minas, a los que hay que sumar la línea más corta entre Nador y Zeluán. El ínfimo desarrollo del ferrocarril en la zona oriental fue superado, aunque no espectacularmente, en el occidente del protectorado: la línea Tánger-Fez con 90 kilómetros, el trazado del ferrocarril Ceuta-Tetuán con 41 y la línea Larache-Alcazarquivir con 33 (Morales, 1976 y 1984).

Sin ningún género de dudas el sector más importante y activo fue el terciario, especialmente la actividad comercial. Del total de las 54 firmas más importantes en el protectorado entre 1927 y 1952, 12 se dedicaron al comercio (5 entre las 25 más importantes), aunque es posible que su número fuera más elevado, ya que algunas de las empresas ubicadas en los sectores primario y secundario casi con toda seguridad se dedicaron preferente o exclusivamente a actividades de importación y exportación. La relación de las empresas más importantes no debe hacernos olvidar que fueron muchísimas más aquellas de menor entidad que se extendieron por todo el protectorado.

La importancia del comercio, y de las firmas comerciales, nos indica cuál fue el verdadero negocio del protectorado español de Marruecos: abastecer de los productos necesarios al ejército colonial y al conjunto de la población civil española asentada en Marruecos. El abastecimiento de las tropas españolas e indígenas (vestuario, calzado, armamento, alimentación) fue la oportunidad para muchas empresas españolas de conseguir jugosos contratos para proveer al ejército. Lo mismo hay que decir respecto al contingente de colonos españoles que se desplazaron a Marruecos, aposentándose preferentemente en las ciudades, dado que fueron continuamente abastecidos desde España.

Esta labor abastecedora de colonos y ejército se refleja claramente en la evolución de la balanza comercial hispano-marroquí a lo largo del período estudiado. Un continuo desequilibrio basado en el hecho de que las exportaciones españolas siempre superaron ampliamente a las importaciones procedentes de Marruecos: escasos productos marroquíes hacia la península, mientras que los remitidos desde ésta hacia tierras norteafricanas alcanzaban unos volúmenes y valores sensiblemente más elevados.

La actividad del sector terciario se reforzó con la incorporación de una serie de firmas dedicadas a la hostelería, radiodifusión, seguros, transporte urbano (tranvías en Tetuán) y por carretera (La Valenciana, que compaginó el transporte de mercancías y viajeros) (Morales, 1976 y 1984). Respecto a este último punto hay que señalar que no se avanzó mucho en la construcción de carreteras modernas, aunque sí se creó una red de pistas de tierras a través de todo el territorio, más con fines de control que con el ánimo de fomentar la actividad mercantil y el desplazamiento de pasajeros. La ausencia de un moderno y eficaz eje viario este-oeste explica que las zonas oriental y occidental apenas estuvieran comunicadas entre sí, por lo que no debe extrañar que tras la independencia los marroquíes construyeran la «Carretera de la Unidad».

Detrás de las empresas más rentables citadas (minería, ferrocarril, eléctricas y de colonización en general) estuvo la oligarquía financiera española, representada por el capital vasco, madrileño y catalán, gracias a su control de la banca privada. Esta última, a medida que transcurrieron las décadas, fue teniendo un papel cada vez más importante en la economía marroquí (Bilbao, Urquijo, Vizcaya, Español de Crédito, Hispano-Americano, Hispano-Colonial, Unión Minera). El sector naviero también supo sacar provecho de las relaciones
con la colonia, especialmente la Trasatlántica, la Transmediterránea y Sota y Aznar. Igualmente cabe citar llegadas más tardías, aunque sumamente prove­chosas, como la de Juan March, gracias a la concesión del monopolio del tabaco. No obstante, no hay que perder de vista que se trató de una modesta penetración financiera efectuada bajo la cobertura protectora estatal.

El papel protagonista del ejército

Llegados a este punto interesa destacar que los militares consiguieron hacerse con el control de la organización política y administrativa del territorio. De su seno surgieron los «africanistas», quienes consiguieron un gran prestigio gracias a su importante papel en la victoria contra los rifeños, a sus conocimientos de Marruecos y a las sólidas posiciones que ocuparon en la burocracia colonial. Este grupo, que aceptó con reservas la instauración del régimen republicano, se mostró especialmente descontento con las medidas introducidas por Azaña. Entre ellas, las que tenían como objetivo la reducción de los efectivos del ejército marroquí y el propósito de colocar las riendas del protectorado en manos del elemento civil (primacía del alto comisario, civil, sobre el jefe militar de la zona, sustitución de los interventores militares por otros civiles). A pesar de ello, la incompleta «desmilitarización» de los organismos políticos y administrativos que regían la vida del protectorado no supuso un cambio espectacular.

La burocracia civil que comenzó a surgir en los años treinta terminó aliándose con el ejército colonial para repartirse el poder y la participación en los negocios que generaba la misma presencia española en el protectorado. No en balde se ha hablado del complejo burocrático-militar en Marruecos. Este nuevo grupo se destacó como el principal beneficiario de la «protección» dispensada por España a la colonia. No debe extrañar que de los gastos del Estado español en Marruecos la parte del león correspondiera al ejército. Ahora bien, si durante el período bélico (1912-1927) se puede entender este desequilibrio, no ocurre lo mismo con los años comprendidos entre 1927 y 1935, cuando el presupuesto del Ministerio de la Guerra para Marruecos se mantuvo prácticamente inalterable, mientras que los desembolsos en concepto de «Acción en Marruecos» seguían una tendencia decreciente entre 1927 y 1935. En esta última fecha se redujo a aproximadamente un tercio de la cantidad desembolsada en 1927 (Morales, 1976 y 1984).

Los africanistas (aunque no unánimemente) terminaron por sublevarse contra la República. Su victoria, tras la cruenta Guerra Civil, se vio facilitada por el hecho de contar con la seguridad y los recursos que la retaguardia marroquí les proporcionó a lo largo del conflicto. Especialmente importante fue la participación de contingentes marroquíes (rifeños, yebalas, gomaras e, incluso, combatientes originarios de la zona bajo dominio francés) en el bando de los africanistas. Conviene recordar que no hacía ni una década que el ejército español, base de la sublevación antirrepublicana, había aplastado la resistencia marroquí.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial, así como la política de neutralidad y no beligerancia del régimen franquista, favoreció el mantenimiento de un importante contingente militar en Marruecos (que contempló, entre otros episodios, la efímera ocupación española de Tánger en 1940). Nuevamente, el ejército absorbió buena parte del presupuesto español en el protectorado. Esta tendencia se mantuvo incluso hasta la independencia de Marruecos en 1956.

El escaso desarrollo económico del protectorado explica que tampoco se convirtiera, a pesar de la labor propagandística ejercida por los voceros del colonialismo español, en tierra de promisión para los campesinos españoles que en buena medida tuvieron que seguir emigrando hacia tierras americanas (cuando tales desplazamientos fueron posibles en el primer tercio del siglo xx) y hacia Cataluña y Madrid en su segunda mitad (Bonmatí, 1992).

Repercusiones de la presencia española

¿Tuvo aspectos positivos para Marruecos la labor «civilizadora» española? Sin duda, aunque hay que añadir que fueron escasos y modestos. Posiblemente, los más importantes e incuestionables se refieran a la actuación en el campo sanitario. También se podría citar la incipiente, y aún más limitada, vertebración del territorio gracias a la construcción de vías férreas (con un total que apenas llegó a los 200 kilómetros), carreteras, pistas, puertos (Larache y Alhucemas) y aeropuertos (Sania Ramel en Tetuán).

Sin embargo, y a pesar del pobre panorama presentado, las modificaciones introducidas por España en el protectorado fueron importantes. El Marruecos rural, con su tradicional organización tribal, con la explotación de tipo comunal y con sus zocos, que continuaba presente en 1956 en el momento de la inde­pendencia, fue estando cada vez más integrado en la economía de mercado.

Aunque queda mucho por hacer acerca de la historia del mercado del trabajo en el protectorado, se puede avanzar que en algunos sectores ocupacionales se produjo la integración de trabajadores marroquíes (minería, trabajos públicos) (Aziza, 1994). Sin embargo, conviene no olvidar que en el caso del colonialismo español se observa la competencia por el empleo entre colonos y colonizados en actividades que en otras experiencias coloniales nunca se produjeron, o se produjeron con una menor intensidad, como consecuencia del rechazo de los colonos a ejercerlas (comercio, transporte) (Bonmatí, 1992). En todo caso, es indudable que bajo el dominio español se formó el proletariado de la zona norte que tuvo un papel importante en la lucha por la independencia. Igualmente hay que señalar el enrolamiento de algunos miles de marroquíes tanto en el ejército español (Regulares) como en las fuerzas del Majzen marroquí (Mehallas, Mejaznías), lo que integró a los citados individuos y sus familias en una economía monetaria.

Estos procesos tuvieron consecuencias de cierta importancia en lo que a la distribución espacial de la población se refiere. Si a comienzos del protectorado la población urbana (descontada la ciudad de Tánger) apenas llegaba al 5%, en 1945 alcanzaba el 18% (el 12% si excluimos al total de los españoles que vivían en la ciudad o en el ámbito rural) (García & Roda, 1950). El citado porcentaje se incrementó en la década siguiente, especialmente con el éxodo hacia los centros urbanos espoleado por el abandono de los colonos españoles a partir de la independencia. Paralelamente, se produjo el desplazamiento de numerosos rifeños hacia la zona occidental del protectorado. El crecimiento de las ciudades existentes, Tetuán y Larache, a las que se sumaron otras que alcanzaron este status (Chauen, Alcazarquivir, Alhucemas, Nador, Arcila) atestigua la progresión, aunque todavía en proporciones modestas del porcentaje de la población urbana.

Los cambios económicos introducidos, en especial el retroceso de la economía de subsistencia en beneficio de la economía de mercado, junto con el avance del fenómeno urbano, repercutieron en la renovación de la resistencia marroquí contra el dominio español. Se pasó de una lucha abierta con base rural a una lucha política de carácter urbano. La resistencia estuvo dirigida y articulada por una generación de intelectuales y políticos marroquíes que supieron aglutinar en torno a sus ideales las aspiraciones de los diversos sectores de la sociedad: la burguesía con su doble componente reformista e innovadora, el proletariado emergente, las capas campesinas y, finalmente, los integrantes del gobierno jalifiano (representantes del Majzen). La fuerza liberada por la unión nacional terminó por desalojar de Marruecos a la potencia colonial.


Para concluir hay que valorar el protectorado desde el doble punto de vista del país colonizador y del colonizado. En el caso de España, la escalada militar, con la consiguiente sangría presupuestaria acumulada año tras año y el tremendo coste en vidas humanas, no pudo evitar desastres de la magnitud del de Annual y Monte Arruit. El deterioro de la situación política que generaron tales hechos favoreció el surgimiento de los militares africanistas y su ofensiva victoriosa contra el legítimo gobierno de la República. La influencia de la aventura colonial en Marruecos en los destinos de la España contemporánea hasta 1975 no puede por tanto ser más evidente.

El modesto alcance de la tarea de modernización llevada a cabo por España en el protectorado hipotecó el futuro de la zona norte de Marruecos en el momento de la independencia. En efecto, la empobrecida zona norte quedó irremediable­mente supeditada a los intereses y necesidades del resto del país, más desarrollado gracias a la mayor potencia y recursos de la potencia colonial (Francia) que le cupo “en suerte”. Superar el desequilibrio regional resultante sigue siendo uno de los problemas que tiene planteados el país vecino.

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